Precisamos emprendedores, si...pero también se precisan soñadores.
La cultura actual ve al soñador con cierta desconfianza, si, es cierto, nos caen simpáticos, pero muy pocos de nosotros invertiríamos en un negocio basándonos en la capacidad de soñar de su creador. Los sueños están fuera de nuestra lógica lineal que nos dice que cualquier proceso empresarial tiene que ser “sensato” y “controlable”… ¿Cómo se puede innovar desde la sensatez y el control?
De nada nos vale estar satisfechos con el número de empresas que se están creando si estas se asientan en un paradigma lógico/lineal, porque no serán innovadoras. Y no lo serán pese a que hayan sido capaces de crear el más innovador programa de software, y no lo serán pese a que hayan tenido la idea más original.
Precisamos soñadores, si…pero también soñadores con coraje para hacer lo que no se debe hacer.
Esta es la innovación real: hacer lo que no se debe hacer. Amancio Ortega de Zara lo hizo. Ferrán Adrià lo hizo. Koldo Saratxaga de Irizar lo hizo. Anita Roddick de Body&Shop lo hizo. Los “chicos” de Gooogle Sergei Brin y Larry Page lo hicieron. Y así, casi hasta el infinito. No solo en nuestra época. En todas. Porque la innovación real, rompedora, la que hace historia es ir contra la corriente.
Y para esto hace falta algo más que soñar. Hace falta coraje. Coraje para enfrentarte a la sabiduría tradicional, tan implantada en nuestras escuelas de negocio y universidades. Coraje para decir SI cuando todos los demás, dicen NO. Coraje para creer en tu visión, cuando los demás están ciegos. Coraje para seguir y seguir y seguir y seguir….cuando los demás abandonan. Coraje, en fin, para seguir cuando ni siquiera sabes adónde vas, pero algo te dice que debes continuar.
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